Cobertura Especial: Sal Emergui para La Prensa

Crisis en Egipto


Día de limpiar y reconstruir

SAL EMERGUI
ESPECIAL PARA LA PRENSA
EL CAIRO, EGIPTO

UNIR ESFUERZOS.Un ejército de civiles concurrió a Tahrir, no a protestar sino a limpiar y remozar el histórica plaza. EFE

El día de después de la dimisión del presidente Hosni Mubarak es un día de limpieza y de reconstrucción. El Ejército comenzó a retirar barricadas y disipó la incertidumbre política con promesas de que el país respetará todos sus compromisos internacionales, alusión más que aparente al crucial tratado de paz con Israel.

El día siguiente a la histórica dimisión del presidente Hosni Mubarak, en paradero aún desconocido, ha sido de limpieza y de reconstrucción. “Nuestro trabajo terminó, es hora de construir un nuevo país”, decían ayer en la Plaza Tahrir (Liberación), donde decenas de miles de personas seguían ocupando los espacios públicos.

Pero ayer lo hicieron sin pancartas. Con el mismo furor, pero sin la indignación de los 18 días anteriores. Con la misma fuerza, pero también con alegría. “¡Mabruk, Mabruk!”. “¡Felicidades, felicidades!”, se oía por todos lados, mientras el shuf-shuf de miles de escobas anuncia un nuevo amanecer.

Hombres, y mujeres, ancianos y niños, laicos y religiosos. Todo Egipto aunó sus esfuerzos para limpiar la cara a una plaza que, esta vez sí, hizo gala a su nombre: la Plaza de la Liberación.

Y de la Plaza Tahrir sólo salía ayer un único mensaje, el de la concordia y la esperanza. Decenas de manos irreconocibles, grandes y pequeñas, tersas y arrugadas, limpiando y pintando a una vez estatuas y columnas; retirando verjas rotas; plegando lonas y plásticos comidos por el sol; recogiendo del suelo papeles, latas, botellas de agua vacías, piedras, palos… Todo con tal de dejar brillante una plaza que a partir de ahora será el símbolo de la voluntad popular.

Pendiente de una transición ordenada, Egipto ha quedado en manos del mariscal Mohamed Tantawi, un veterano mubaraquista que preside desde hace años el Consejo de las Fuerzas Armadas. En su primera intervención pública después del derrocamiento, el portavoz de ese consejo, Yahya el-Fangari, pidió a todos los egipcios regresar a sus casas y colaborar en la reconstrucción: “Deseamos una transición pacífica, un sistema democrático que nos permita a todos elegir a las autoridades civiles que se hagan cargo del país y puedan construir una nación libre y democrática”.

Como primera medida de reconciliación nacional, los manifestantes acordaron regresar a sus casas, abandonar la legendaria plaza al menos durante la noche. De su parte, el Ejército comenzó a retirar a sus fuerzas de las calles, a devolver los tanques hacia los cuarteles, a desarmar las barricadas que impedían el paso hacia todo tipo de instituciones públicas.

El ya ex presidente abandonó el palacio presidencial en helicóptero el viernes por la tarde, en un principio —se dijo— que con dirección a la localidad de Sharm El Sheik en el Sinaí egipcio. Al Arabbiya lo situaba ayer en los Emiratos Árabes Unidos. Al cierre no había confirmación de su paradero.

Y en el ímpetu de la revolución anuncios públicos por todos lados. Los Hermanos Musulmanes, ilegalizados 50 años, vuelven a la política con un partido para futuras elecciones legislativas. No presentarán candidato a las presidenciales.

Los otros grupos de oposición crearán un consejo para vigilar que el Ejército cumpla sus promesas. Pero el más importante, por sus implicaciones internacionales, fue el del portavoz militar sobre que Egipto mantendrá “sus compromisos internacionales”, lo que en principio tranquiliza a Israel.

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